La evaluación por competencias, sus implicaciones para la planeación y para el trabajo en el aula.

La evaluación por competencias, sus implicaciones para la planeación y para el trabajo en el aula


Lic. Rosa Eaton Guerrero



Sin duda alguna el tema de la evaluación, es un tema polémico en el que aun no nos hemos puesto de acuerdo. Diversos autores mencionan que las funciones que se le asignan a la evaluación idealmente son
muy diferentes a las que en realidad se cumplen. Sin embargo, podemos
coincidir en que la evaluación es una parte inherente de los procesos de
enseñanza y de aprendizaje como actividad cotidiana y permanente del
docente y del alumno.

Las practicas de evaluación inciden, sin duda, en la organización y desarrollo del trabajo escolar, por lo que la toma de decisiones constituyen un momento de gran relevancia que cierra el ciclo del
trabajo educativo y abre, al mismo tiempo, nuevos ciclos que orientan su
mejoramiento constante.

Se centra la evaluación en el estudiante, emitiendo, juicios de valor sobre su desempeño, donde son muy pocos los casos en que las decisiones se fundamentan con base a la información recabada, por lo que el
profesor evalúa incorporando su propio esquema de valores y su modelo de lo
que debe ser y como debe comportarse un buen estudiante.

Por otro lado, tenemos que reconocer que cualquier reforma educativa considera como componente fundamental a la evaluación tratando de dar respuesta a los siguientes cuestionamientos: ¿Qué evaluar?
¿Cómo evaluar? ¿Cuándo evaluar? ¿Con que evaluar?, cuestionamientos donde la
respuesta esta relacionada con el enfoque planteado para la enseñanza y el
aprendizaje,

por lo que debemos tener claro desde que paradigma consideramos a la enseñanza, el aprendizaje, el rol del docente y el papel que deberá asumir el estudiante.

El enfoque por competencias, planteado actualmente en la Reforma Educativa del 2009 en nuestro país, describe a la evaluación desde un punto de vista
eminentemente cualitativo, donde el profesor debe fundamentar las decisiones
respecto al estudiante y, a los diferentes elementos y factores que
intervienen en la practica docente, así como el considerar a cada sujeto en
lo individual, poniéndolo en el centro de su propio aprendizaje.

En función de lo anterior, reviste suma importancia el portafolio del estudiante, como estrategia de evaluación, donde la integración física de las evidencias darán cuenta del nivel de desarrollo de
competencias “…se requiere que la evaluación sea el resultado de múltiples
evidencias” (Reforma Integral de la Educación Básica.
p.74, 2009). , sin duda indicadores del proceso de aprendizaje del estudiante,
por otro lado la evaluación por
rubricas es otra estrategia que vale la pena poner en práctica, ya que nos
refleja una evaluación más objetiva inclinada hacia lo cualitativo, que
considera los niveles de desarrollo del aprendizaje de cada estudiante a la
par que se promueve la autoevaluación.

Al considerar evaluar por competencias y hacer uso de diversos instrumentos como los planteados en el párrafo anterior, estamos evolucionando a un concepto de evaluación cada vez más objetivo y menos
supeditado a la subjetividad del docente. Es interesante observar que desde
el enfoque por competencias, la autoevaluación es un factor muy importante
que infiere en la reflexión sobre los
propios aprendizajes del estudiante y sobre todo enmarcada dentro del enfoque
constructivista, de ahí la importancia de la autoevaluación como estrategia
para corresponsabilizar a los estudiante de su propio aprendizaje.

La propuesta de evaluación, acorde a la Reforma Educativa del 2009, nos adentra en el enfoque de la evaluación por competencias que se fundamenta en el uso que el docente otorga a la información que arroja el
estudiante en las diversas situaciones cotidianas del aula “…un sistema de
evaluación que se estructura en el uso de la información y el empleo de habilidades
para resolver problemas significativos, contextuados y cercanos a los
aspectos cotidianos a los alumnos...” (Reforma Integral de la Educación Básica.
p.74, 2009).

Sin embargo, no debemos dejar de reconocer que esta postura acerca de la evaluación por competencias, se planteaba en la Reforma Educativa
de 1993, aunque desafortunadamente, una gran mayoría de docentes, prosiguió
evaluando de manera tradicionalista y memorística, puesto que ponderaba el examen como instrumento de
evaluación.

Lo anterior podemos explicarlo debido a que por tradición histórica en educación, se ha considerado a la evaluación como sinónimo de calificación numérica, por lo que resulta difícil, como docentes, transitar hacia un
esquema de evaluación por competencias.

Por lo que toca a la evaluación, que realiza el docente como parte constitutiva de su práctica dentro de la escuela, diversas concepciones se limitan a prescribir las funciones pedagógicas que esta
debería cumplir. A la evaluación se le conceden los papeles de: permitir al
alumno conocer sus errores y aciertos así como la medida en que han alcanzado
los objetivos de aprendizaje propuestos, facilitar al maestro seleccionar
mejores estrategias para la enseñanza y la toma de decisiones con base en información objetiva.

La concepción que cada docente tiene sobre evaluación, obedece por lo general a factores tales como: su experiencia docente, instrumentación de los procesos de enseñanza y de aprendizaje al
interior del aula, su concepción sobre el aprendizaje y el desarrollo
infantil, el papel que se asigna al docente y al educando, a los lineamientos
oficiales para la evaluación entre otros.

Asimismo, es preciso considerar que como docente se está obligado a desarrollar capacidades para evaluar los conocimientos y estilos de aprendizaje de los estudiantes,
haciendo buen uso de la información a través de las estrategias de enseñanza
que respondan a diferentes formas de aprender y diversos propósitos de
aprendizaje deliberadamente seleccionados “…el profesorado necesita
instrumentos para trabajar con aquellos alumnos que presentan determinadas
dificultades o necesidades de aprendizaje...” (Prioridades y Retos de la Educación Básica,
2008).

Sin duda, los profesores deben ser capaces de analizar su práctica docente y reflexionar sobre ella, para poder evaluar las estrategias de enseñanza y cuando proceda, realizar su reconstrucción y mejora. Al cuestionarse sobre su quehacer
docente le permite evaluar su enseñanza y tomar en cuenta las consideraciones
oportunas para alcanzar mayores niveles de desempeño docente, concibiendo a
la enseñanza como una verdadera profesión de vida.

Bibliografía

Reforma Integral de la Educación Básica. Diplomado para maestros de Primaria, Modulo 1 Elementos Básicos. SEP. México, D. F., 2009.

Prioridades y Retos de la Educación Básica. Curso Básico de formación continua. SEP. México D. F., 2008.

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Lic. Rosa Eaton Guerrero



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Comentario de Miguel Angel Gómez Chura el junio 14, 2013 a las 8:17pm

Licenciada Rosa comparto con su opinión, mi preocupación como docente es conocer cómo evaluar a la gran variedad de estudiantes , con múltiples problemas entre estos alumnos desnutridos, familias disfuncionales, alumnos que trabajan, otros que incursionan en pandillas, etc. Las inteligencia múltiples permiten que la evaluación sea personalizada, pero esto implica mayor tiempo, mayor dedicación.

Me gustaría que me envíe alguna bibliografía sobre la evaluación por competencias.

estaré siguiendo sus comentarios

 

 

 

 



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